RECETAS URBANAS

Santiago Cirugeda y CIA

Desde los primeros 8 años de trabajo, en solitario pero con una visión de trabajo colectivo, buscaba protocolos para intervenir en la ciudad estudiando los límites o los vacíos en las leyes urbanísticas. Esos eran mis años de formación como arquitecto, lo que produjo que siempre me centrase en el papel social de la arquitectura.

Para reforzar la estructura y la eficacia de un trabajo hecho en solitario, investigando la legislación, monté el estudio Recetas Urbanas. Desde los inicios, el despacho tiene como objetivo el de hacer visible esas acciones realizadas y contagiarse a otros colectivos que tienen igualmente una actitud crítica frente a las maneras de control y frente al desarrollo urbano. Simplemente intentamos que la ciudad funcione un poco mejor. Actuar de manera mucho más rápida e inclusiva que en las situaciones que dependen exclusivamente de la gestión política y burocrática. Existen problemas urbanos que hay que evidenciar e intentar solucionar en tiempos muy cortos, incluso si a veces supone actuar sin permisos; al margen de la legalidad.

Muchas cosas de las que hacemos son ilegales. Pero no son injustas ni incorrectas. Detectan un fallo o un posible cambio de una ley y es obligación de toda la ciudadanía entender y evaluar la ley.

En el caso de España, muchas veces nos llaman los “arquitectos de la crisis”, no obstante hacemos el mismo tipo de trabajo desde el comienzo, es decir, hace unos 20 años.

Una de nuestras grandes luchas es demostrar que hay otras maneras de mirar y defender las cosas. Queremos demostrarlo sobre todo a las administraciones públicas que tienen una especial capacidad de destrozar y afectar todo aquello que se escapa de su control, porque simplemente no saben o no quieren hacerlo. Es intentar incomodar y darle la vuelta a las políticas públicas que no entienden ciertos problemas como son el espacio público, la educación, la autogestión o la autoconstrucción.

Siempre dejamos abierta la puerta a la colaboración con las administraciones pero muchas veces es muy difícil que entiendan y fomenten el derecho a la ciudad. El proponer y exigir cambios en la ley haciendo proyectos que demuestren su viabilidad, se suele entender como rebeldía. Yo le llamo responsabilidad. Me he autodenunciado varias veces para llamar la atención de las administraciones, no por mera rebeldía sino para generar cauces de comunicación y de participación que son muy difíciles para mucha gente.

Para ser más efectivos e incidir más en las pobres políticas públicas de toda España, en 2007, empezamos a organizarnos con otros colectivos de arquitectos, abogados, hackers, ciudadanos, etc. y todos juntos montamos la red “Arquitecturas Colectivas” (http://www.arquitecturascolectivas.net), demostrando que el trabajo de numerosos colectivos españoles e internacionales se refuerza por compartir conocimientos, protocolos trabajo colaborativo y cervezas forzando los cambios en las políticas públicas.

Actualmente, y con esta crisis, seguimos con las recetas, porque siempre habrá en la sociedad entornos y cierta población que se ven afectados o ninguneados por las administraciones públicas, que no olvidemos, persiguen ridículamente y sumisamente a los grandes manipuladores de la industria económica.

Desde hace tres años estamos trabajando en educación, colaborando con numerosos tipos de escuelas o centros de formación: públicas, abiertas, ateneos culturales, centros sociales, etc. todos ellos marcan espacios de futuro donde el trabajo con todos las edades nos hace creer en un cambio de mentalidad social, necesaria para planear alternativas.

Las recetas las hacemos a partir de esos grupos de personas que nos llaman cuando tienen unas ideas que replantear.

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