EI uso de la madera en la arquitectura social en Barcelona

Xavier Bustos Serrat + Nicola Regusci

Desde cities connection project se promueve la conexión entre ciudades a través de su arquitectura mediante una selección de proyectos comparables. En esta ocasión el hilo conductor es el uso de la madera estructural en una ciudad como Barcelona, donde no es frecuente, pero que comienza a entenderse como un medio útil para una construcción sostenible y está dando lugar a una serie de proyectos muy interesantes. 

Mostraremos dos edificios de vivienda y un equipamiento deportivo que vinculan lo social y lo sostenible favoreciendo el carácter cohesionador de la arquitectura.

Cooperativa de Viviendas La Borda. Lacol.

Se trata de uno de los primeros proyectos de vivienda cooperativa en la ciudad de Barcelona, que nace el año 2012 como parte de la recuperación del recinto industrial de Can Batlló, donde un grupo de vecinos decide organizarse para dar respuesta a la necesidad colectiva de vivienda y generan un modelo de auto-promoción innovador basado en parámetros como cesión de uso, vida comunitaria, coste asequible y sostenibilidad.

El edificio, pensado como una infraestructura abierta y viva, se organiza alrededor de un patio central tipo corrala. Cuenta con 28 viviendas con una superfície total de 2.950 m2 y 280m2 destinados a espacios comunes destinados a la relación entre los vecinos, como son la cocina-comedor, lavandería, sala polivalente, espacio para invitados y terrazas accesibles, así como una tienda cooperativa en planta baja. Interesante este concepto poco habitual en nuestra ciudad, donde se ha destinado parte de los recursos económicos y espaciales disponibles en liberar espacios compartidos para la comunidad.

A nivel tipológico, se parte de una matriz mínima habitable de 40m2 que permite la agregación de habitaciones que incrementan la superficie de vivienda a 60m2 y 78m2, e incluso piezas independientes con un acceso propio. Si bien la tipología de la vivienda no es lo más interesante, hay que reconocerle una innovación en clave local en el modo en que la vivienda puede crecer o decrecer en el tiempo y, en cambio, es la potencia del patio central expandido hacia los espacios comunes lo que realmente hace de esta propuesta arquitectónica un paso firme hacia una arquitectura social emocionante.

A nivel urbano, el proyecto se explica desde la sección, con un volumen de 4 plantas de altura tras una fachada abstracta a la calle, donde conviven espacios comunitarios en la base y vivienda en las plantas superiores, y otro volumen con una altura de seis plantas en la fachada posterior, orientada a sur, ocupada básicamente por viviendas. Ambos conectados por el patio central que se convierte en el espacio de relación entre vecinos, aglutinando las pasarelas de acceso a las viviendas y todos los espacios de uso compartido. A su vez, la planta baja deja un paso que conecta la densidad urbana con un gran vacío que actuará como espacio público.

Estructuralmente, se resuelve con una base de hormigón en planta baja que recibe las cargas estáticas y la agresividad urbana y que crece hasta 6 plantas con una estructura de muros y forjados macizos de madera contralaminada (CLT), quedando vista en techos y divisorias, mostrando una arquitectura descarnada, despojada de cualquier adorno, con instalaciones vistas y mostrando los materiales empleados con total naturalidad.

A nivel climático se propone una estrategia bioclimática pasiva entorno al gran patio vertical central cubierto que capta la radiación solar en invierno y permite la ventilación en verano, así como un sistema centralizado de generación térmica para el agua caliente y climatización por medio de caldera de biomasa que garantizan un consumo energético de energía renovable en su totalidad.

Polideportivo Turó de la Peira. Noguera + Fernández.

Por otro lado, mostramos un equipamiento deportivo situado en un entorno urbanístico desestructurado y que se implanta con la voluntad de regenerar el interior de la manzana, formado por un conjunto de espacios residuales entre bloques de viviendas existentes y desniveles de difícil acceso y nula calidad como espacio público.

El programa, con una superfície construida total de 4.430m2 y una urbanización de 3.952m2, se resuelve mediante un edificio compacto que se desarrolla en dos niveles de gran altura, con la piscina en planta baja semi-enterrada que lo fija a la topografía existente y la pista polideportiva en la planta superior, además de las entreplantas que completan el programa de vestuarios, oficinas, salas polivalentes, almacenes y gradas.

Nuevamente, como mejor se entiende la propuesta es desde la sección longitudinal, donde se hace evidente la adaptación topográfica al terreno y cómo se aprovecha el desnivel existente para transitar desde la calle al interior de manzana y a los diferentes niveles del equipamiento, mediante una operación de renaturalización del espacio público que cambia absolutamente el escenario de partida y genera, otra vez, un espacio de relación entre los vecinos.

El edificio se muestra a la ciudad con fachadas traslúcidas de policarbonato celular que ocultan la actividad deportiva a la vez que aportan luz al interior y, en cambio, apuesta por la transparencia del vidrio en las fachadas interiores que permiten extender el horizonte desde la práctica deportiva en su interior, filtradas por la vegetación trepadora que genera un fondo vegetal al interior de manzana que comparten los edificios vecinos.

Desde el interior, el programa se percibe claramente desde cada acceso, y la luz natural inunda los dos grandes espacios de práctica deportiva que, juntamente con el uso de la madera estructural como material protagonista, dota al equipamiento de una claridad y calidez difícilmente superables. En este caso se agradece una propuesta honesta, con una gran claridad estructural y en el que el tránsito vertical de la piscina a la pista polideportiva se concibe como un tránsito entre un espacio cálido a un espacio extremadamente luminoso y abierto, que invita a coger una pelota y ponerse a jugar.

Y en un equipamiento de este tipo, donde la estructura es protagonista, el uso de la madera como sistema constructivo supone un ahorro importante del tiempo de construcción y pasa a ser una apuesta decidida de los arquitectos en esa voluntad de repensar la arquitectura desde una menor demanda energética y sistemas de climatización 100% renovables, minimizando su huella ecológica.

Viviendas en Fabra i Coats. Roldan + Berengué.

El punto de partida del tercer proyecto es totalmente diferente al tratarse de la transformación de una nave de almacenaje de hilo de la antigua fábrica textil Fabra i Coats en un conjunto de vivienda social y un equipamiento para la sede de la Colla Castellera Jove de Barcelona, ocupando una superficie construida de 5.392m2, con 1.113 m2 destinados al equipamiento. En este caso, por tanto, se ocupa el interior de una nave existente con fachadas de obra cerámica y cubierta inclinada a dos aguas.

Se aprovechan los forjados existentes, con doble altura, para encajar cuatro niveles de vivienda entre ellos, con un sistema de construcción modular de madera, muy ligero y totalmente reversible, para generar 46 viviendas de 59m2, restaurando las fachadas y cubierta existentes para obtener un primer grado de protección climática que garantiza un confort de partida con una demanda energética muy por debajo de lo habitual.

El acceso al conjunto se concibe como un gran atrio en el centro de la nave, articulado mediante una concatenación de espacios en diagonal en las dos direcciones longitudinales de la nave, que conecta visualmente la planta baja con las cubiertas del conjunto y donde se sitúan las escaleras de acceso a cada planta, generando una serie de espacios de encuentro entre los usuarios. Aunque finalmente ese atrio no conecta con el interior del patio del recinto Fabra i Coats, lo que resta potencia a la propuesta de proyecto.

En este caso, la modulación de la vivienda viene marcada por la crujía de la estructura existente, de 3,4m de ancho x 15m de largo. La nueva ocupación no se apropia de toda la profundidad de la nave y libera dos espacios a lo largo de las dos fachadas, uno de acceso a las viviendas y otro de transición semi-exterior, provocando esa doble piel de amortiguación térmica de la que hablábamos al principio y facilitando la ventilación cruzada de todo el conjunto.

No obstante, esta doble piel, interesantísima desde el punto de vista climático y espacial, agradecería un mayor grado de transparencia hacia la vivienda, que se pierde por el uso excesivo de rejas y vidrios traslúcidos.

El espacio anejo para els castellers, equipamiento que funciona independientemente del conjunto de viviendas, vuelve a aprovechar la cáscara existente para liberar un gran vacío en altura necesario para construir las torres humanas que son paradigma del esfuerzo colectivo para llegar lo más alto posible.

Sin duda, este es un ejemplo notable de reutilización con un aprovechamiento ejemplar del espacio disponible y de respeto a la estructura original para crear un entramado de viviendas sociales en un ejercicio de absoluto respeto por el patrimonio industrial.

Hilo conductor comparable

En los tres proyectos se apuesta por el uso de la madera estructural por su ligereza, ahorro en la huella ecológica y una velocidad de construcción que compensa en gran medida el incremento de costes de una construcción poco habitual. En los tres casos se deja vista la madera en su máxima expresión y se aprovecha el material para dar el carácter final a los espacios habitados.

Y claramente comparten el objetivo de construir edificios con el menor impacto ambiental, tanto en el proceso de obra como en su vida útil, reduciendo la demanda energética inicial y aplicando sistemas pasivos para aprovechar al máximo los recursos existentes.

En definitiva, arquitectura social y sostenible.

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