Una apuesta firme por la vivienda social en Barcelona

Xavier Bustos Serrat + Nicola Regusci

Un cambio de dirección interesante se está produciendo en los últimos concursos de vivienda pública en la Barcelona Metropolitana, como veremos con el proyecto de Peris+Total, que nos muestra un camino donde confluyen la contrastada experiencia de los arquitectos y la mente abierta de los representantes de la administración pública, apostando por unas propuestas tipológicas y unas soluciones constructivas que suponen un paso firme hacia la mejora de las condiciones de vida en la vivienda protegida.

Antecedentes

Barcelona tiene una larga tradición en los concursos de arquitectura para desarrollar vivienda pública. Desde diferentes ámbitos de la administración como son INCASOL (regional), IMPSOL (metropolitano) o IMHAB (municipal) se ha promovido la construcción de vivienda protegida, aunque con irregulares resultados, a lo largo de los años.

Por un lado, el porcentaje de vivienda protegida ha sido mínima, en comparación con la vivienda de libre mercado, lo que no le ha dado una capacidad transformadora suficiente. Por otro lado, unas normativas muy restrictivas no le han permitido apostar por nuevas tipologías. Además, una mentalidad conservadora frente a los cambios en el modelo tradicional de familia han impedido la mezcla tipológica y unos presupuestos de construcción bajísimos no han permitido asumir riesgos constructivos o propuestas innovadoras en el uso de materiales poco convencionales.

Pero es cierto que se percibe ahora la voluntad de dar un nuevo impulso a la vivienda social desde las entidades mencionadas, promoviendo vivienda en zonas de nueva centralidad metropolitana, con nuevos concursos abiertos que muestran una apertura del marco mental en cuanto a los parámetros tipológicos y, paralelamente, con la irrupción interesante de nuevas cooperativas de vivienda.

85 viviendas sociales en Cornellà (2017–2021)

Cornellà de Llobregat es una ciudad muy densa, de casi 100.000 habitantes, situada en la conurbación de Barcelona, marcada por un proceso migratorio masivo durante las décadas de los 50 y 60, edificado a toda prisa como una acumulación de grandes bloques de viviendas, con materiales de baja calidad, ventanas pequeñas, ausencia total de espacios comunes cualificados y una urbanización de los espacios exteriores más bien escasa. Sin embrago, es un barrio palpitante, donde la vida en el exterior tiene un gran protagonismo y que se ha beneficiado de un proceso de lenta recuperación en los últimos años, con la llegada de una red de servicios, equipamientos y grandes zonas verdes.

En este entorno vivo, duro, palpitante, ruidoso, se levanta un volumen abstracto de 51x41 metros alrededor de un gran vacío de 15x25 metros, contundente y sereno, al que se accede a través de un porche que ocupa toda la longitud de la fachada y que atrae la atención de quien pasa por allí. Desde el momento en que se cruza el umbral que nos separa de la ciudad y se accede al patio central, con una ligera pendiente ascendente que eleva la cota de planta baja, se percibe la voluntad de los arquitectos de crear una atmósfera pacificada, de uso comunitario, que conduce a los núcleos de escaleras de acceso a las plantas superiores.

El edificio se estructura sobre una base tectónica en planta baja ocupada por un equipamiento y locales comerciales abiertos a la ciudad, pero cerrada por un zócalo de piedras enjauladas hacia el interior del patio y un sótano donde se sitúa el aparcamiento y dos salas de proyección que recupera la memoria del antiguo cine Pisa que ocupó el solar durante años.

Sobre esta base pétrea se levantan cinco plantas livianas, con una superposición de filtros con diferentes grados de privacidad que conectan las viviendas con el interior del patio mediante las pasarelas de acceso, y con la ciudad exterior a través de unas terrazas continuas en todo el perímetro, configurando la envolvente. La crujía posterior pierde una planta de altura, liberando un solarium para los usuarios y recupera la altura de los edificios vecinos, ajustando el volumen a su entorno más próximo.

La distribución de las plantas superiores se organiza mediante una retícula de 114 espacios de 3,6x3,6  metros (referencia a la habitación tradicional japonesa organizada con 8 tatamis) con cuatro núcleos de comunicación vertical repartidos simétricamente, encintadas por un anillo interior de acceso a las viviendas y un anillo exterior de terrazas corridas que prolongan las viviendas hacia el exterior.

A nivel tipológico, la repetición de un total de 543 piezas habitables iguales configuran el total de 85 viviendas compuestas en su mayoría por 6 módulos, los dos centrales ocupados por cocina abierta y baño y los otros cuatro exteriores y intercambiables, que responden a la voluntad de eliminar espacios de circulación y de potenciar la flexibilidad de uso de todas las estancias de la vivienda. Aunque es cierto que la propuesta de concurso, más radical, se desvirtúa ligeramente en el momento en que la realidad de los modos de vida se impone y acaba cerrando alguna de las conexiones entre los módulos o en cómo la pieza que incorpora el baño resta flexibilidad tipológica.

Desde el concepto estructural, el edificio se concibe con una base de sótano y planta baja de muros y forjados de hormigón armado y cinco plantas superiores con madera estructural CLT, tanto en la estructura vertical de muros y pilares, como en los forjados, que quedan vistos en su cara inferior. Un cambio respecto al proyecto inicial, al substituir los muros de las cruces centrales por pilares y jácenas, ahorra una gran cantidad de m3 de madera y mejora las condiciones resistentes, si bien puede parecer que resta contundencia a la propuesta de concurso. En realidad, esta decisión, así como las soluciones adoptadas para minimizar la transmisión del ruido entre viviendas en estructuras de este tipo, muestra el rigor de los arquitecto en la concepción de todos y cada unos de los detalles.

Atendiendo a cómo las viviendas se conectan con la ciudad y, por tanto, a cómo se muestra el edifico ante sus vecinos, se plantean unas fachadas ligeras, compuestas por filtros solares y velos de privacidad, jugando con lonas traslúcidas, persianas enrollables, mallas metálicas y chapas perforadas que le dan un carácter abstracto y, al mismo tiempo, permiten intuir la actividad que tratan de ocultar, en un juego de ver y ser vistos. Y es cierto que este anillo perimetral tan importante para el edificio sería más potente si la normativa no impidiera un vuelo mayor respecto a la calle y las terrazas pudieran tener más profundidad para acomodar cuatro comensales alrededor de una mesa en estos espacios, que multiplicarían la vida de los habitantes en el exterior.

trayectoria Peris+Toral

Es importante contextualizar este edificio con otros proyectos más o menos coetáneos del estudio Peris+Toral, que demuestra es un modelo sustentado por una larga reflexión previa y que tiene mucho recorrido por delante.

Algunos de estos proyectos acabados y otros en construcción nos muestran hacia dónde se mueve la tendencia de la vivienda protegida, que no se queda en ideas teóricas sobre el papel, sino que se ha convertido en una realidad que sienta precedente para un futuro que vendrá marcado por la implicación activa, comprometida y coordinada entre las diferentes administraciones públicas, los arquitectos y los usuarios finales.

Can Caralleu (2005-2008): 36 viviendas para jóvenes, su primer edificio de viviendas construido, donde trabajan sobre una tipología de vivienda mínima organizada como un espacio fluido entorno al núcleo rígido cocina-baño. Aquí se crean dos volúmenes sobre una plataforma elevada respecto a la calle, donde se desarrolla la actividad exterior de la comunidad, en un entorno duro, próximo a una vía rápida, con unos costes muy ajustados de construcción y un resultado más que convincente.

Melilla (2010-2015): 33 viviendas sociales en que trabajan con un volumen del conjunto vaciado progresivamente generando patios y pasillos abiertos, buscando transiciones entre interiores y exteriores que dan lugar a espacios interesantes que nos remiten a las callejuelas de los zocos locales. Las tipologías de viviendas se organizan como espacios fluidos entorno a los dormitorios y baños, concebidos como piezas privadas y cerradas.

Glòries (2008-2017): 105 viviendas para gente mayor, su edificio más grande hasta ese momento, que desarrollan junto al estudio Bonell-Gil, que parte de una tipología de vivienda similar a la de Can Caralleu, distribuida en tres bloques longitudinales y asimétricos sobre un basamento de equipamientos que ocupan las dos primeras plantas y que completan la manzana.

Bon Pastor (2015-2021): 54 viviendas protegidas donde trabajan con gran éxito la piel del edifico, apostando por la celosía en todo el perímetro y los espacios intermedios de galerías y pasos, jugando con las situaciones ambiguas de interior-exterior y poniendo en valor los espacios comunitarios.

Borrassà (2010-2021): 55 viviendas protegidas donde siguen investigando tipologías organizadas alrededor de los núcleos de baños y dormitorios, dejando el resto de la vivienda como una superposición de espacios flexibles, y creando unos ámbitos comunitarios de circulación muy ricos espacialmente.

Ibiza (2018-2022): 43 viviendas protegidas donde trabajan las tipologías generadas por retículas de piezas repetidas que dan lugar a viviendas flexibles que permiten intercambiar los usos de los diferentes espacios según las necesidades de los usuarios, como pasa en Cornellà. Además, en este proyecto se propone un sistema constructivo, el tapial, que une lo vernáculo en la manera de construir y lo contemporáneo en cuanto a huella ecológica.

Aire fresco

Queremos destacar aquí el papel de IMPSOL/AMB, promotor público que, ante la escasez de vivienda asequible en el Area Metropolitana de Barcelona, está impulsando una estrategia de coordinación con el conjunto de actores implicados en el territorio con la finalidad de ampliar el parque de vivienda pública de venta y alquiler con la construcción de 7.000 viviendas protegidas en los próximos 6 años. Pero que además, lo hace con el propósito de evolucionar tipológicamente y mejorar la calidad constructiva y la eficiencia energética, como queda patente en esta nueva remesa de concursos abiertos y los proyectos ganadores. Al proyecto de Peris+Toral podemos añadir otros ejemplos notables como el de estudio Herreros+Mima, Harquitectes, maio o dataAE, que auguran un futuro prometedor en las promociones de vivienda asequible de los próximos años, mostrando un camino a seguir.

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